26.2.14

El Frasco.





Se llevó la mano derecha a la boca. Se secó las comisuras de los labios.
  "Ya está".
Trató de mitigar las arcadas. Las ganas de devolverlo todo. 

Sonrió.
Y como si nada, dejó el frasco de pesticida a grises en el pavimento y siguió andando.


                              ...No mas Polillas De La Muerte. Ya no había un porqué.


24.2.14







    O te parás en la Avenida o te quedás por fuera.
                 ... Pero esto de tener un pié en la arena y otro en el pavimento me está sacando el quicio...

17.2.14

De vuelta en la Avenida.






"Bueno, Pelirroja ya fue suficiente"

Le dijo aquella que la miraba desde el reflejo.


La chica de cabello rojo se levantó del suelo y bostezó.
Acto seguido, alargó la mano hacia el espejo.

El reflejo con los ojos encendidos y la sonrisa endemoniada la haló con fuerza. 
Poniendo un pie fuera del espejo a escala de grises dibujado en medio de la Avenida.
Dándole su puesto a la que venía andando hacía unos 15 o 20 metros en el pavimento.

Cuando tuvo el cuerpo entero afuera. Se estiró y sacudió la cabeza. 
¿Lo teñía todo de sangre?
La Pelirroja que venía en estado de coma, como aletargada y somnolienta por la emoción, 
se ponía de pié de nuevo en plena Avenida.
Ya había hecho mucho.
¿No?

Era hora de dejar de distraerse tanto. Supongo. No sé.
Había que volver a teñirlo todo de Sangre y dejar de verlo todo tan rosa.

Si vieras lo bonito que se ve todo teñido de rojo.

A color verdad. Al antojo maravilloso del presente y de encararse con la realidad.

Respiró profundo y se llevo ambas manos las costillas.
¿Que demonios?

Traía diezmil 
~ Polillas De La Muerte ~ 
entre las costillas.


Se sonrió.
Casi frenéticamente.

Y luego colocó la palma derecha sobre la superficie del espejo.
El reflejo, que segundos antes había estado fuera se desmaterializó al instante que la chica Pelirroja puso la palma en la superficie.
A fin de cuentas, después de todo y al final del metro donde estaba, 
hacia parte de ella misma.


Pero era ya tiempo de que aquella que siempre estuvo andando la Avenida 
volviera a pisar el pavimento.

Con la misma mirada desquiciada.
La felicidad endemoniada.

Y sonriendo, claro.
Seguía siendo buena, muy buena sonriendo.
Ahora que todo encajaba donde debía y las cosas caían en su lugar.


Como el madero a verde y negro que se subía al hombro
mientras comenzaba a caminar.

Como su fuerza, su suerte y su sabiduría.