Es hora de caminar esta Avenida con la cabeza en ALTO.
con la moto sierra gigante de hoja de plata al hombro y un amuleto estampado en el cuerpo.
A todo color. A sangre, como su cabello.
Con fortaleza, encararía el dolor y la adversidad. De que este no era el metro correcto. Por una batalla, por ese metro incorrecto. Por lo que fuera.
Por que ahora era lo mejor. Y lo mejor ya vendría para ella en aquella Avenida.
Con suerte, (la) encontraría aquel loco que compartiría su locura con ella. O lo vería de nuevo metros mas adelante. Que fuera aquello que ella aún no encuentra.
Con El Artillero a su lado izquierdo y un 2B en la pantorrilla derecha. Siempre a la espera de dibujar una salida a los problemas.
Estaba de pié, en medio del séptimo metro del Kilómetro 22. Tras ella se erguía tenebroso el letrero que le mostraba un nuevo Kilómetro. Y habría de caminarlo FELIZ. Con aquella sonrisa endemoniada que tanto la identificaba.
¿Y Qué?
Al final, el tiempo lo dijo todo. Todo había sido solo una locura. A la que le faltaba un loco y le sobraba una Pelirroja.
Y ese mismo tiempo seguiría diciéndole que pasaría. Fuera como fuere.
No había nada malo con no ver a nadie al frente.
En los casi 358 metros que le quedaban del Kilómetro que estaba encarando.
No había nada malo, con mirar a su lado derecho y no ver nada. Con encontrarse con que una vez mas, se trataba de ella y punto.
Con verse sola.
Como siempre había andado desde el Hueco en el Kilómetro 18.
Y aún así, era feliz. Y ni abrirse el cráneo o la adversidad, ni lo que pudiera suceder en la Avenida cambiarían ese hecho indiscutible.
A H O R A
Con verse sola.
Como siempre había andado desde el Hueco en el Kilómetro 18.
Y aún así, era feliz. Y ni abrirse el cráneo o la adversidad, ni lo que pudiera suceder en la Avenida cambiarían ese hecho indiscutible.
Era feliz así de cualquier modo.
Endemoniadamente.
Es tiempo. Pelirroja de medias a rayas y ojos Avellana.
Endemoniadamente.
Es tiempo. Pelirroja de medias a rayas y ojos Avellana.
Era tiempo de detener los Tiempos de Adversidad.
De empezar a andar estos 360, con la sonrisa en alto y la cabeza envuelta en llamas.
Como siempre.
Es Hora.
De sentarse en el suelo y línea por línea, dibujar a 2B tres bidones de pesticida.
Aquellos que se bebería atragantándose con el ayer. Con el primer metro del Octubre del Kilómetro pasado.
Que no estaba segura si le causaba pena, o adversidad.
De que por no ser el momento correcto, el " presente perfecto" no hubiera podido pasar...
Bebería a tragos largos, como si fuera Vodka.
No quería ya mas Polillas de La Muerte dentro. No tenía una sola razón o motivo lógico para quererlo.
Aleteando con los mil cráneos en sus espaldas,
en las entrañas de aquel metro y medio.
Tragaba. Uno a uno, le bajaban por el esófago los tragos y los recuerdos de los últimos metros.
De que quizá era cierto y los había empezado a caminar con el pié izquierdo.
Y cuando acabó el último bidón. Se sentó en el suelo. Aquel asfalto mojado del Kilómetro nuevo que estaba pisando.
Mientras aquellas aladas, demoníacas y hermosas
con sus cráneos blancos en la espalda, morían una a una.
~ Un día, en un metro cualquiera cayó en cuenta de que el amor que sentía dentro, eran solo
Polillas de la Muerte.~
El miedo se iba, el terror se esfumaba.
Con cada trago que le bajaba por la garganta.
Pieza a pieza, sin darse cuenta se rearmaba.
La atacaban absurdamente los recuerdos. Cada uno de los metros. La despedazaban jirón por jirón de piel. De memoria.
La hacían un bulto insípido de huesos, sangre y carne. Tinta y titanio.
Se ahogaba en pesticida. Se asfixiaba. Mientras por las hendiduras de sus costillas, derramaba mas y mas Verdad. Tiñéndolo todo de rojo.
Si vieras lo bonito que se ve todo teñido de rojo.
Y cuando acabó el último bidón. Se sentó en el suelo. Aquel asfalto mojado del Kilómetro nuevo que estaba pisando.
Una vez mas, tenía heridas.
...Nunca creyó que se vería remendando de nuevo sus heridas con jirones de su propia piel.
Volvía a lo mismo. Eso era. Una muñeca llena de heridas.
Nunca volveremos a lo mismo. ¿Cierto?
Llorar día por medio, ser feliz a medias y no en serio.
Sonrisa encima, dibujaba la aguja para coser con retazos de su piel las heridas.
Una por una.
No sabía si sería en este kilómetro llegaría, el loco que la quisiera sin costuras y con heridas.
Con una sonrisa tranquila dibujó una aguja y comenzó a coser una por una. No sabía si sería en este kilómetro que alguien la quisiera sin costuras y con heridas.
No lo controlas, ahí está. Tangible. Trepaba costilla a costilla por el costado de la Pelirroja que ahora se paraba del pavimento y le ponía la cara a la Avenida. Al Kilómetro 22.
Y sutura tras sutura, el dedo anular en medio de su amuleto estampado en su cuerpo, le dio la fortaleza para hacerle cara al dolor. A la Adversidad y a las lágrimas en sus mejillas
Dolor.
El sentimiento mas genuino que cualquier ser humano puede experimentar.
No lo controlas, ahí está. Tangible. Trepaba costilla a costilla por el costado de la Pelirroja que ahora se paraba del pavimento y le ponía la cara a la Avenida. Al Kilómetro 22.
Y el dolor es un mar profundo y tenebroso, en el que se ahogaría si no pilotara con firmeza su pequeña nave por su superficie, siempre con rumbo a un Sol que no saldría jamás.
De pie frente a la larga línea de cemento que amenazante se le venía encima.
Es tiempo, Pelirroja.
Harás de este metro memorable y de este Kilómetro diferente.
Es hora. Tiempo. Tiempo al tiempo.
~ Odiaba con todas sus fuerzas habidas y por haber el tiempo ~
Equivocada. Durante metros, durante meses.
Se confinó a la idea de que llegaría quien pudiera arrancar aquellas tijeras de sus costillas. De su pecho hecho añicos, totalmente destrozado.
Donde metal, sangre y ligamentos se mezclaban. Donde se le pudrían los huesos y se le escapaba el aire.
Donde metal, sangre y ligamentos se mezclaban. Donde se le pudrían los huesos y se le escapaba el aire.
.C i e g a.
Nunca estuvo consciente de que debía hacer al respecto,
hasta el sépitmo metro del Kilómetro nuevo.
El momento perfecto, el presente indirecto.
De pié en aquel séptimo metro.
Se llevó ambas manos al pecho.
Se llevó ambas manos al pecho.
Y no esta escrito, narrado en medio de aquella Avenida.
La Sangre a color verdad que todo lo manchaba.
Las medias a rayas inundadas.
Con ambas manos se agarraba frenéticamente el pecho. La caja torácica de la que brotaba
un océano de sangre que se desparramaba por el pavimento en la Avenida.
Temblaba.
Violentamente.
Veía como las alas de cientos de Polillas con el cráneo en la espalda
se ahogaban cadavéricas en el torrente de Sangre brillante que la debilitaba.
Se sacudía, se agarraba los costados.
.El dolor.
¿Era un mar profundo y tenebroso?
El mar sanguinolento que rodaba cuesta abajo por su vientre
y se derramaba a gotas en el suelo.
Y ahí en medio de los cadáveres y la Pelirroja.
En la mitad moribunda de aquel pecho que yacía derramando un mar de Sangre
En la mitad moribunda de aquel pecho que yacía derramando un mar de Sangre
Ya sin Tijeras de Podar.
Ya sin Tijeras de Podar.
Ya sin Tijeras de Podar.
Ya sin Tijeras de Podar.
En medio del charco donde pondría a nadar barcos de papel, ahí estaba.
Por eso el dolor.
Por eso en sentir.
Ahí estuvo siempre, atravesado por la hoja infalible de aquellas tijeras que inertes y oxidadas dormitaban en el pavimento emparamado en Sangre.
En medio del color carmín encendido, estaba aquel corazón. Destruido y lleno de heridas. Perforado a muerte por unas Tijeras de podar.
Por eso el dolor.
Por eso en sentir.
Ahí estuvo siempre, atravesado por la hoja infalible de aquellas tijeras que inertes y oxidadas dormitaban en el pavimento emparamado en Sangre.
En medio del color carmín encendido, estaba aquel corazón. Destruido y lleno de heridas. Perforado a muerte por unas Tijeras de podar.
Con ambas manos, lo levanta del suelo envuelto en sangre.
Y se lo metió al bolsillo donde siempre permaneció.
Intacto, herido
Despedazado a color verdad.
Al antojo de La Adversidad.
Heridas y Sangre.
Y ya con el pecho sin Tijeras
Y lo guardó con aquella sonrisa
Y se lo metió al bolsillo donde siempre permaneció.
Intacto, herido
Despedazado a color verdad.
Al antojo de La Adversidad.
Heridas y Sangre.
Y ya con el pecho sin Tijeras
Y lo guardó con aquella sonrisa
inquebrantable
Para luego, para ver si quería regalarlo mas adelante.



