12.11.13

El Cráneo En II





Se sentó en el suelo a descoserse la cabeza. 
                          Punto por punto, la herida. 
               15.
                       Como el metro en el que estaba parado el letrero.

Sin darse cuenta, comenzó a descoser el resto de jirones de piel que se había adherido tiempos atrás. Arrancándose piel sin tinta sin importar las cicatrices, para coser las heridas nuevas y dejar al descubierto las viejas.

                   ¿Por qué?


Porque de eso se trataba.
¿De que servía andar entonces si no iba a tener heridas? Lecciones. Surcos que le atravesaran la piel y el pecho moribundo con aquellas tijeras de metal                                                                                                               enterradas hasta el infinito.


Jirón por jirón cayeron al suelo los retazos de piel que había desgarrado para sanarse a si misma.
Se descosía la cabeza, se deshacía de sus heridas.


Una a una sus cicatrices fueron revelándose en la piel. En el pecho. 

En el medio de aquellas tijeras que, de alguna manera... 
(No sabía como) 
Estaba con si de rando, sacarse.

¿Por qué en este metro?
                       Faltando 3. Ahí en frente lo tenía.

                                                                  ¿Por qué ahora?
Porque se rearmaba. Se reinventaba. 
Se le venía encima aquel Kilómetro sin una sola huella encima. En el camino de la Izquierda.

Grandes cosas vienen para 
esta Avenida.

Estaba redibujándose, estaba armando y desarmando.
 Desgarrándose el pasado, las heridas, los problemas y La Adversidad.
 Para dejarlo en La Milla 13 que en unos 3 metros sería Pasado Participio.

Quería comenzar en blanco. En rojo y naranja como el amuleto que acabaría en su cadera. 
Quería poner el primer pie luego del letrero con una sonrisa endemoniada en las mejillas y el costado derecho lleno de tinta.


Quería comenzar esto, feliz. No. No solo feliz. 
E n d e m o n i a d a m e  n t e.


Se había perdido los últimos dos metros. En Adversidad. 
                     * No se puede encontrar algo que no se ha perdido*
                                                        Estaba encontrándose. Rearmándose. Pieza por pieza.

              De los pies, a la cabeza. Derramando Sangre, como siempre.



En pleno metro 362 del Kilómetro 21
Se sentó en el suelo mojado de La Avenida de la vida.
A descoserse el cráneo en dos y miles de heridas.


Por que quería comenzar feliz, sonriendo como siempre.
Quería andar con su felicidad a cuestas todos los metros día por día.
El Kilómetro amenazante, ahí de frente.

Porque al antojo de un pre-sentimiento. O un s e n t i m i e n t o
O mil Polillas de La Muerte.


Pensaba que este sería el Kilómetro donde alguien la quisiera sin costuras y con heridas.
Feliz. Pelirroja. 
Con la cabeza rota y una sonrisa demente en las mejillas.
























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