Se paró del suelo.
Se llevo lentamente, con cuidado, con dolor... Las manos al pecho.
Mientras su caja torácica inhalaba el humo y el aire, para tomar impulso,
dos manos diminutas agarraron con fuerza el metal que comenzaba a soltarse de su pecho, inevitablemente.
Se hundió.
Hondo, largo y profundo.
Como El Hueco en el Kilómetro 18.
Como El Hueco en el Kilómetro 18.
La Sangre brotó.
De los espacios en sus costillas, salieron tenebrosas varias Polillas.
Tronaba como un demonio. Se le caería el cielo encima, algún día.
Había decidido por mucho. Por poco.
Por nada. ¿Nada? Si. Justamente eso era lo que pasaba. No pasaba NADA.
Por nada. ¿Nada? Si. Justamente eso era lo que pasaba. No pasaba NADA.
Sin importar nada. Con una sonrisa diabólica y un par de tijeras en el pecho.
Cuando dejó de manchar todo a color verdad...
Decidió seguir caminando.
Decidió seguir caminando.
Sin miedo. Con las palmas de ambas manos, hacia arriba.
Para todo esto, había ya hecho demasiado.
Y ahora era hora de ver si realmente había sido eso.
Si haber hecho demasiado y ser ella, con 50 Kilos y todo lo demás no era solamente eso, demasiado.
Era hora de saber si era SUFICIENTE.
Así que se rehusó a hacer mas. Mas de la cuenta.
Y siguió caminando.
Así que se rehusó a hacer mas. Mas de la cuenta.
Y siguió caminando.
Endemoniadamente feliz,
desquiciadamente peliroja.
Y sonriendo. Por que era muy buena en ello.
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