30.10.16
· Metros Sobre el Nivel Del Mar ·
Me sacudió.
De la manera mas absurda, imprevista e inexplicable.
De esas avalanchas que no ves venir sino hasta que te golpean la nuca y te tiran de bruces al pavimento.
Como incontables metros sobre el nivel del mar.
Me tomó por sorpresa, con la guardia baja y sin la mas mínima advertencia de qué iba a pasar luego de todo.
Pero ahí estaba. Poniendo de cabeza mi existencia, sacudiéndome como un demonio y lanzando miradas furtivas con sus profundos ojos marrones, mientras yo lo observaba como una tonta cada que se le asomaba una sonrisa.
Ahí estaba, de la nada.
Creo que no tengo la mas remota idea de cómo fue que sucedió todo esto. Pero simplemente... Sucedió.
Apareció con un par de ojos oscuros y una sonrisa asesina. Un alma color gris azul clarito como los días de lluvia, llena de una sola palabra: ÍMPETU.
No hay otra manera de explicarlo. ¿Dije que me sacudió? No. Me arrolló.
Con una personalidad arrolladora que se llevó por delante la certeza que traía encima hace dos años, de que esto no iba a volver a sucederme en la vida.
Y la voz. Esa voz.
Escucharlo hablar cinco minutos era tener tiquetes de primera fila para presenciar una aventura maravillosa, con sus dragones, piratas y sirenas. Era meterse por un instante en un sueño lleno de desiertos, cumbres de nieve, animales fantásticos y claro, él.
Él ahí en medio del cuento, personaje principal y narrador explícito en primera persona relatando hazañas con las que alguien como yo solo podría soñar.
Personaje principal y culpable del nudo de anzuelos en el que se había convertido el interior de mi caja torácica en las últimas dos semanas.
Ahí entre la quinta y la séptima costilla del costado izquierdo, donde yo creía que nervios y tendones habían dejado de trabajar hacía mucho tiempo. Justo ahí fue donde se armó el nudo.
Y acá estoy. Dándole tiempo al tiempo.
Porque si antes el problema era que tenía demasiado tiempo y podía pasar demasiado tiempo antes de algo... Ahora el mas grande inconveniente es que hoy, en mi vida, no tengo tiempo y este siempre ha sido mi peor enemigo.
Porque esta clase de cosas sólo me suceden a mi, justo cuando me espera un giro de 180º a la vuelta de la esquina. Porque mi vida puede cambiar de manera radical en unos meses y porque las cosas en la vida sencillamente son así, impredecibles e incoherentes.
Y te traen personas, en los momentos mas inesperados.
Que va. En la vida no. En mi vida. Ésta vida desquiciada que vivo.
Sigo creyendo que todo pasa por una razón. Aunque hoy acá sentada con Roy a mi izquierda, mientras cae un torrencial de lluvia fuera de mi ventana, no tenga la más remota idea de porqué demonios está pasándome esto a mi.
Justo a mi.
Justamente cuando todo marchaba a la perfección y cuando más consideraba que era una persona inmune. Podía venir cualquiera. Podía venir quien fuera...
Pero claro. No fue cualquiera...
Lupus in fabula, venit enim ad me.
Habla del Diablo, y este aparecerá ante tus ojos...
Ahí apareció él. Y acá estoy yo.
Pasó él. Y con él, paso todo esto. Básicamente.
Dejándome por un instante, sin aliento. Como incontables metros sobre el nivel del mar.
Y siempre suceden las mismas cosas acá, en mi vida.
En esta Avenida de la Vida que ya ronda 10 tatuajes, 4 años sin ver caer cabello, una enorme ansiedad, infinitas lágrimas y los casi 25 Kilómetros de baches en el suelo...
Ahora sin tener tiempo, se lo doy al poco que tengo.
Le pongo la cara a las cosas y la mejilla izquierda a la adversidad cuando ya me reventó la mandíbula y la mejilla derecha por poner la cara primero.
Me dedico a no esperar nada, en la medida de lo que mi cabeza y El Esquizofrénico dentro de ella me lo permiten.
Sopeso la idea tambaleante de quedarme o alejarme. Como una polilla atontada por la luz eléctrica de la bombilla.
Como Icaro dudando de subir mas alto y quemarse o mantener sus alas y evadir al sol.
Porque esperar algo en un lapso de menos de 200 metros es, fuera de inútil, decepcionante. Y porque finalmente, luego de todo lo que ha sucedido en los últimos 25 kilómetros, no va a pasar nada más terrible que todo eso, en 200 metros.
Y aún sacudida, arrollada, desbaratada hasta los huesos y con su voz en mi cabeza, dando vueltas una y otra vez. Me rindo.Y escogí irme.
Doy dos pasos a un lado y arranco a andar de nuevo.
¿Por qué? Porque realmente...
Es innecesario y agotador. Lo es y lo sería mas adelante.
¿Para qué?
¿Que es lo peor que puede pasar?.
¿Que es lo mejor que puede pasar?.
Y pase lo que pase, ¿Que importa?.
Aunque valiera la dicha. Toda la dicha del mundo. De este, de todos los mundos.
Ninguna dicha es mas grande que la tranquilidad.
Y por mas terrible o maravilloso que que sea, pasara lo que pudiera pasar, en 200 metros de Avenida, no voy a estar ni yo, ni él, ni su voz, dándome vueltas en la cabeza.
Ni tampoco sus besos.
Quitándome el aliento. Como incontables metros sobe el nivel del mar...
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