27.12.13

Puñaladas




Fue casi instantáneo cuando al ver atrás notó que la seguían varias gotas de sangre.
¿Se abrió de nuevo la cabeza?
No era su cabello, hacía metros no se vaciaba baldados encima.

Una mano le surcó la cabeza. Nada.
Y entonces ese dolor...

Era
irreconocible e inconfundible.
Ya lo había sentido millones de veces, al punto de tener la espalda hecha añicos de cuenta de esto.

Con calma y con cuidado por encima de los hombros, se llevó las manos a la espalda. 
Y sin pensarlo dos veces se arrancó un par de puñaladas.

Las arrojó al suelo y siguió andando.
Sonriendo y con la espalda envuelta en sangre.

Y bueno, así como antes varias puñaladas le habían sabido a cigarrillos, fotos y demás.
Una de éstas le sabía a Vodka
                                                         A Vodka y Aceitunas.


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