Grandes. Pequeños. Largos. Anchos. Después de todo, son problemas.
En el momento ni le gustaba pensar ni le gustaban los problemas, del calibre que fueran.
No tenía nada que pensar, si se iba a poner el título de sincera.
La única cosa, tangible o no, en la que pensaría sería en que
Quería mas que cualquier cosa,
SER FELIZ
...Y por lo único que lucharía, sería por cada día mas encontrar cosas que la ayudaran y la hicieran SERLO.
Cosa que desde hacía ya unos 180 metros, no era. Era como si a esa felicidad se le hubiera perdido el tiquete de llegada. Como si a todo aquello que hacía también varios metros la hacía tan inmensamente feliz, unos meses antes de que acabara el Kilómetro 19 le hubieran cambiado el chip.
Por que ASÍ ERA. No había otra explicación más lógica. La gente cambia, las personas cambian, la comida cambia, la música cambia. Y en realidad se quedan en un lugar o están en constante cambio. Pero eso no, había dado un giro nauseabundo de 180° y ella acababa por desconocerlo del todo.
Pero en fin, pensaba demasiado.
Por que ASÍ ERA. No había otra explicación más lógica. La gente cambia, las personas cambian, la comida cambia, la música cambia. Y en realidad se quedan en un lugar o están en constante cambio. Pero eso no, había dado un giro nauseabundo de 180° y ella acababa por desconocerlo del todo.
Pero en fin, pensaba demasiado.
En medio del camino cuando se sentó a darle vueltas al asunto de no ser feliz y de estar aburrida generó una lista de pasos que seguiría seguramente más adelante unos 7 u 8 metros más adelante para lograr estarse más tranquila y más feliz.
Por que más que aburrida se había cansado, física, emocional
( sobre todo eso) y mentalmente de seguir en una lucha constante donde la lucha y el no decir nada eran inversamente proporcionales al cambio. Al avance. Mientras más, menos.
Era como la " Ley de la Pelota"
Tiras una pelota a la pared, suave, luego duro y por último MUY duro.
En la primera, se devuelve suave y no regresa a ti.
En la segunda, regresa con igual fuerza a ti, igual de duro.
Y en la última, regresa pero te cachetea en la cara.
...La ley de la pelota funciona. Pero es muy difícil aplicarla consigo mismo.
Tiras una pelota a la pared, suave, luego duro y por último MUY duro.
En la primera, se devuelve suave y no regresa a ti.
En la segunda, regresa con igual fuerza a ti, igual de duro.
Y en la última, regresa pero te cachetea en la cara.
...La ley de la pelota funciona. Pero es muy difícil aplicarla consigo mismo.
Como no pensaba pensar, se había sentado a coser sus heridas. Las heridas que nadie mas cosería por ella con pedazos de piel para luego cuidar de ella y que se sintiera mejor. Se sentaba a coser sus heridas arrancándose pedazos de piel aún viva de donde la madre tierra color canela claro todavía estaba intacta y no había una sola cicatriz, ni una sola gota de tinta.
Le hacía demasiada falta sentirse bien. Le daba demasiado duro el día a día donde no era capaz de ser feliz constantemente y donde cualquier cursilería la reventaría en llanto.
Le hacía demasiada falta sentirse bien. Le daba demasiado duro el día a día donde no era capaz de ser feliz constantemente y donde cualquier cursilería la reventaría en llanto.
"... Llorar día por medio y ser feliz a medias y no en serio"
Acababa de sentirse tal cual la canción que decía " Doc. Hay un hueco donde antes había algo. Doc. Hay un hueco donde antes había algo."
Y claro que lo había de no haberlo habido no estaría extrañando un sinfín de cosas ni se estaría cosiendo las heridas abiertas por que ya estarían cosidas de hecho.
No estaría frente a la Avenida sin querer caminar con nadie de la mano ni ver mariposas ni nada parecido. Daba la casualidad de que se había cansado de eso y también de casi todo. Casi. De todos. Casi. Que lo único que podía tener en la cabeza era el Esquizofrenico y unos cuantos amigos viviendo en un cuarto arrendado.
Se sentía caer. Hondo, largo y profundo. Como en el hoyo que cayó hacía tanto.
Sentía la ardua necesidad de volver al País del Sol donde cada metro era por difícil, muy emocionante y donde cada trazo se hacía vida para cada una de las maravillosas entregas.
No sabía que hacer y en realidad, no quería hacer más. No tenía más fuerzas sino para coser sus heridas, afrontar el cambio y seguir caminando. Por que por mas que quisiera no quería del todo querer aceptar que las cosas se estaban acabando y la única salida era girar el chip otros 180° Nauseabundos para que todo volviera a estar en su lugar.
Sólo tenía tiempo para pensar. Tiempo y amigos.
Y claro que lo había de no haberlo habido no estaría extrañando un sinfín de cosas ni se estaría cosiendo las heridas abiertas por que ya estarían cosidas de hecho.
No estaría frente a la Avenida sin querer caminar con nadie de la mano ni ver mariposas ni nada parecido. Daba la casualidad de que se había cansado de eso y también de casi todo. Casi. De todos. Casi. Que lo único que podía tener en la cabeza era el Esquizofrenico y unos cuantos amigos viviendo en un cuarto arrendado.
Se sentía caer. Hondo, largo y profundo. Como en el hoyo que cayó hacía tanto.
Sentía la ardua necesidad de volver al País del Sol donde cada metro era por difícil, muy emocionante y donde cada trazo se hacía vida para cada una de las maravillosas entregas.
No sabía que hacer y en realidad, no quería hacer más. No tenía más fuerzas sino para coser sus heridas, afrontar el cambio y seguir caminando. Por que por mas que quisiera no quería del todo querer aceptar que las cosas se estaban acabando y la única salida era girar el chip otros 180° Nauseabundos para que todo volviera a estar en su lugar.
Sólo tenía tiempo para pensar. Tiempo y amigos.
Todos esos que se fueron de la Avenida habrían de ser reemplazados por personajes muchísimo mejores y quizá con cualidades aún más fantásticas que tener orejas de gato o quizá un hacha con un mordisco.
Una pequeña Chispa iridiscente color violeta, un par de gemelas siameses, pegadas por los brazos como cogidas de gancho,una piloto de avión que surcaría el cielo de la Avenida en cuanto la otra, Burja y Medium de profesión averiguara la manera de que una estuviera en la Avenida y la otra en el cielo, sin separase un centímetro y medio.
Y muchas otras personas que re aparecieron en la Avenida. Que se hicieron tangibles justo en el instante en el que ella los necesitó más. Los quiso más.
Y cuando la aguja dibujada por el lápiz en su pierna pasó por el último jirón de piel que se cosía a si misma, se levanto. Miró hacia adelante y se sacó todos los pensamientos de la cabeza. Todos y cada uno los metió en su bolsillo justo junto a su pedazo de corazón. Roto a pedazos de dolor.
Las personas que piensan se meten en problemas.
Cuando se sacaba los pensamientos, se dio cuenta que en realidad, solo se sacaba UNO.
Lo sacó y lo sostuvo con ambas manos frente a si misma. Era pequeño y tembloroso y aún se movía. Pero sabía que con el tiempo, las lágrimas y la decepción creciente metros tras metro había ido enfermando y muriendo lentamente...
Igual que ella se sentía solo. Igual que ella, se sentía aburrido y triste en medio de esa cabeza, donde no hacían nada mas con el que pensarlo y darle muchas vueltas hasta marearlo.
Y mientras lo miraba, se lo llevó al bolsillo.
No tenía en realidad nada que pensar, ni darle vueltas a ese pequeño pensamiento adolorido en su cabeza. Se rehusaba a seguir luchando sin ver cambios, no por que no quisiera, sino por que ya no tenía fuerzas más que para seguir caminando. También se resignaba a NO seguir esperando ALGO que evidentemente no iba a suceder a menos de que por magia, o por alguna cosa parecida su suerte cambiara y aquel chip girara otros 180° grados.
...Todo le daba vueltas, y el hacia también muchas vueltas. ¿Qué tan complejo podía ser voltear un CHIP?
Por que a pesar de no pensar y a pesar de todo seguía sintiendo demasiado. Demasiado para no hacerle caso y justamente por sentir demasiado, era que la lastimaba demasiado la ausencia y la soledad. Y acabaría escogiendo esto día tras día, si seguía esperando que cambiaran las cosas. Y de seguir así, seguiría aburriéndose en cantidades industriales de las cuales no le quedaría ya fuerza ni pa' caminar.
Y cuando terminó de considerar si pensar o no, movió un pié y echo a andar en su Avenida, con la espalda y el pecho adoloridos, pero seguros y cosidos firmemente para luego cicatrizar. Y mientras caminaba, si pensó en algo...
Solo quería ser feliz y mucho. Y todo, todo lo que eso abarcara sería bienvenido.
Y caminando siguió sonriendo, así no fuera del todo feliz sino a medias.
¿ Por qué?
Por que era muy, muy buena sonriendo.
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