Como todo lo que tenía adentro. Como esa sensación que no sentía hacía tanto tiempo e instantáneamente de un instante al otro, sintió ese día.
... Con el humo del cigarrillo y los pocos tragos a las malas.
Había pasado ya demasiado tiempo desde que ni pensaba en voz alta ni se sentaba a escribir extensamente qué le pasaba por la cabeza. Posiblemente por que fue a parar al país del extranjero dónde ni podía ser ella, ni podía ser alguien más.
Muchas cosas habían quedado perpetuamente olvidadas en el asfalto de la Avenida hacía ya muchos, miles de metros atrás.
Ya no había Arquitecto, Bailarina, ni la Niña de los ojos de Cielo. Ya no había Chica con orejas de Gato y tampoco había Psicópata ni Lunática.
Ya no había Cielo, ni Luna.
Y fue una madrugada donde una Chispa desconocida le contó que su pasaporte en el extranjero, había caducado. Y tenía que afrontarlo. Así es y así se queda.
Para no perderse mucho, se aseguró de que estaba en el lugar correcto en el metro correcto.
...De pronto podía empezar a caminar hacia atrás.
Efectivamente, se encontraba en medio de el, no amenazante, sino deprimente Kilómetro 20, pasando ya los 100 metros donde en algúno de ellos, primero le hicieron zancadilla, tropezó y se llevó media cabeza.
Y más adelante, del golpe, sus cabellos Rubios se tiñeron a color verdad.
Así, tal cual. Al antojo de un golpe había dejado de ser " La Rubia de los Zapatos Rojos" y pasaba a ser... Bueno, a no ser Rubia en todo caso.
...Dinamita. Heroína. El cuento de la Heroína.
Y en eso comenzaba otra vez a escribir. En que por enésima vez en la Avenida, no tenía ni la más remota idea de qué hacer al respecto con su pedazo de Corazón de Opalina. Ya gastado, frío y decepcionado, en un bolsillo. Por no decirle roto a pedazos de dolor.
Había ya pasado mucho tiempo en el extranjero, con el extranjero. Esperando que de algúna manera otro país pudiera darle más felicidad que la Avenida misma. Que ya ni fuera cielo ni Avenida sino algo más. Algo detrás del asfalto que la hiciera sonreír como cuando el extranjero le entregó el pasaporte y le dio la mano para caminar con ella SU Avenida.
...Cuadráte bien en tu Avenida, Carlina
Pasó así. Como de la nada. De zopetón pensó en romper el pasaporte y mandar todo lejos, a los millones de Kilómetros fuera de la Avenida, donde solo había arena y nada mas.
Por que se había topado con algo mucho mas grande y seguramente mucho mejor que cualquier hueco, que cualquier país extranjero, que cualquier Psicópata y que Cualquier Recuerdo Muerto.
...Que por cierto, acababa de volver a pisar su Avenida como si en el Kilómetro 18 NADA hubiera pasado.
Esta vez el cuento de la Heroína protagonizaba la parodia comedia dramática de uno de los metros más extraños que había vivido. Y creía haber encontrado al adicto perfecto. Pero este resultó ser inmune ¿Cómo? Hasta ahora no encontraba la respuesta a eso y a muchas otras inquietudes de las que le pasaba lista el esquizofrénico en su cabeza. Y no pensaba resolverlas hasta que los Monstruos a Rayas se tragaran de una vez la última Zanahoria del desayuno de esa noche, o hasta que los ojos de Madoz fuesen canicas de verdad y no pareciera que lo fueran.
Con los brazos y el pecho llenos de tinta, determinación y Actitud, para NO bajar la cabeza, puso un pie en la Avenida hacía varios metros atrás. Incluso, acabándose la amenaza del Kilómetro 19, mas o menos. Menos o mas. De todas maneras la pisó y eso fue lo que importa. Ese, ESE fue el acabose del principio.
Lo de más no importaba, por algo estaba de más.
... Por que no había podido mantener a nadie en manos de la Heroína.
Y quienes la probaron, acabaron por ser inmunes.
Quizá había otra droga mas fuerte. Habría de pensar que " cada quien tiene su heroína"
Pero no quería responderse eso, ni tampoco quería responderse lo obvio. Andaba aburrida en el extranjero, con el extranjero y lejos de su Avenida.
Heroína. El cuento de la Heroína.
La gente que consume Heroína, se convierte en adicta al instante.
Solo basta con probarla un par de veces, o quizá una y es suficiente.
El primer inconveniente es que una vez adictos, necesitarán más para saciar su adicción y tendrán que pagar el precio para conseguir así sea pocos gramos para lograrlo.
El segundo, es encontrarla, si tienen cómo pagarla. Por que de algo es seguro y es que es difícil de encontrar.
El cuento de la Heroína.
Era un imbécil mas después de todo. Un imbécil mas que no se sabía por que razón compró casa justo junto a la del Esquizofrénico. O le regaló un libro, o pagó rentado un cuarto en la cabeza de la NO Rubia, que ahora, para decir mas verdades era Pelirroja. Pelirroja Dinamita.
Compró casa con un solo cuarto dónde seguramente ni el tenía idea que se andaba metiendo.
... Y lo sacaba o pagaba viaje de regreso a la Avenida. Sin pasaporte de regreso.
Era como magia. Era como... Como Vodka con Cornflakes. Era como... Como un Maracuyazo.
De esos que le decía ese día al Flaco para que no llorara. " Un Maracuyazo, Dos Maracuyazos..."
Y precisamente la fruta era Maracuyá y el postre era de lo mismo.
Era como... La sensación de tranquilidad que quería sentir hacía tanto tanto tanto... TANTOS metros atrás y venía esperando pero no. Como que se le retrasó el vuelo, o algo.
Era como comer minichips. Imparable.
¿ Qué pasa cuando una fuerza imparable choca contra un objeto INAMOVIBLE?.
Ni idea.
A la final no sabía como era ni qué era pero era algo que la hacía feliz y a la vez la dejaba iracunda por que no sabía que hacer al respecto. Ni siquiera sabía si ella se había comprado una casa en la cabeza de ese imbécil o si en realidad ella fue la que de la nada, arrendó una casa en su cabeza y se imaginó el resto del cuento.
Podía ser. NO sería la primera vez que se topaba con esa historia de enredarse sola en el hilo y acabar igual, desenredada y sola. Jajá. Era la típica historia para ir a dormir que le gustaba contar. Por que lo que no mata hace mas fuerte ¿Cierto?
Cuatrojos. Dos oscuros, dos rojos y envueltos en cinta adhesiva. De esos que se colocaba ella encima y veía de todo menos una Avenida. Y mucha tinta. Bueno no, en medio de toda la tinta, sobre todo ACTITUD. ¡ Qué para qué! Para no agachar la cabeza y encima de eso había dolido bastante. Una sonrisa perfecta. De cuento de hadas. ( Las hadas no existen )Bueno, de hadas no entonces... De... De película. De película latosa donde justamente hay una tonta que se queda con el imbécil de la sonrisa.
El problema, o uno de tantos, es que NO sabíamos ni sabía ella si le daban el papel en la película latosa, si ella era la tonta, o si ella solo era un espectador y veía a otra tonta quedarse con el imbécil de la sonrisota de película latosa.
-¿... Qué tiene mi sonrisa? - Nada. [ Que me encanta ]
Casi igual de flaco que Madoz, con el cuerpo largo y la mirada como el Hueco en el que había caído hacía varios Kilómetros. Cual varios, como tres nada mas. Eso cuanto era ¿Unos 365 metros multiplicado por 3? Muchos metros en todo caso. Al carajo las matemáticas. La mirada. Como el hueco. Profunda y oscura.
Y no está de más que ese imbécil siempre estaba caliente. Caliente no en el sentido de la palabra caliente. De meterte en un horno con alguien mas y salir ambos rostizados. Caliente de que era cálido. De que en la Avenida llovía todos los días de la vida y todos los metros estaba empapados hasta el cemento. Y ella, claramente debajo de la Avenida ¿ Cómo mas podía estar, más que emparamada y con frío?
Y todavía mas en un país extranjero, donde todo era gris y por lo general nevaba en varias épocas del año. Las demás, eran épocas de sequía. Donde los besos se pedían a gritos y se daban con cuentagotas. Dónde los abrazos se susurraban y se daban sin calor. Donde nada. Donde se pedía. No se debería de pedir. Si se PIDE es por que FALTA. Punto.
Entonces a medio centímetro escaso de tocar las manos de ese... como sea, sentía calor.
Era el colmo. Por que todo era así y así se quedaba ¿ Qué podía hacer ella? Nada. Esperar. Que esperar a qué, a nada. A que como todo en la Avenida, surgiera por que le daba nauseas apurar cualquier situación. Si almorzaba y se revolvía para digerir mas rápido seguramente vomitaría. Entonces es como lo mismo. Le daba simples y llanas nauseas.
... Las cosas en la Vida y la Avenida se parece. En ambas situaciones, se dan. Fluyen.
Pero estaba ahí, en el cuarto arrendado, así fuera por imaginación suya o lo que fuera. Ahí estaba y NO salía, NO. No se sabe si no quería, si ella solita por tonta o por cualquier otro calificativo inferiorizante lo había metido a el ahí. Dentro de su cabeza.
Y de hecho no quería que saliera.
Lo que le daba vueltas con un par de alas y no, sin una coronita ni varita mágica ( Ya establecimos que las hadas no existen) Era el hecho de que no tenía la más remota idea de que hacer con todo eso. Con la actitud, con la tinta, con los cuatrojos, con el calor, con que estaba aburrida y decepcionada en el extranjero y con la casa que este imbécil más había arrendado en su cabeza. Ah! Si claro! Y con el MALDITO zoológico que había metido no sabía como en su estómago. Por que las mariposas y demás cursilerías se quedaban cortas con esto.
No sabía qué hacer. Ni como averiguar si no estaba loca y se estaba inventando todo en un mal viaje de Vodka con CornFlakes y un cigarrillo. Ni sabía tampoco como averiguarlo a menos de que, por obra y gracia de ... lo que fuera, se lo dijeran.
No sabía que pensar, entonces no pesó.
No sabía que hacer, entonces ni hizo nada.
Sólo sabía sonreír así no estuviera feliz y siguió sonriendo.
Mientras se quedaba para en la Avenida, mirando un par de mordiscos en su hombro izquierdo.
Que la hicieron sonreír y ser un poco más feliz, después.
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