28.7.12

A baldados de Sangre.

A baldados de sangre aplacaría su tristeza. 
Y al antojo del dolor, se amarraba como un náufrago a su soledad tan preciada como mala consejera.


Mientras el País del Sol la acribillaba con una casa del terror para niños que no veía la hora de ver terminada y que la mantenía alejada de casi todo el mundo, en la Avenida de la Vida. Y la mantendría por varios metros de este Kilómetro.


Tenía una Vaca de 30 cms dormida a su lado...

A baldados de sangre y quizá un bidón de gasolina y una cerilla (como la niña del libro que andaba leyendo) aplacaría, mermaría y le daría pastillas para dormir al dolor. Para que la dejara en paz y pudiera seguir en su lapso de tiempo eterno e ingrávido donde se sentía mas tranquila que en cualquier otro lugar del mundo.

A baldados se sangre, de amor. Del alma color violeta que traía encima. De todo un poco. 
Se armaba con calma para perdonar y para sanar sus heridas. Como dijo el Gato, " Tal vez en el próximo Kilómetro te quieran sin costuras y con cicatrices."

Con heridas. Igual de desquiciada, igual de rota, pelirroja y destruida.

A baldados de sangre que se le derramaban en la cabeza, envuelta en llamas, como siempre, se hacía la de la vista gorda, muy gorda. Demasiado gorda. Para no darse cuenta de que ya en unos cuántos metros, si no hacía mal las cuentas y las matemáticas no le hacían la mala pasada de siempre, contaba con 180 metros.  
A p e n a s.
Ya. Se le venía encima el letrero. Totalmente encima como los baldados de Sangre.

A baldados de Sangre terminaba la casa del terror. A baldados de Sangre se le perdían ideas y pinceles en el pelo, se le encendía la cabeza en llamas y se fumaba la melancolía de un cigarrillo inhalando el poco tiempo que le quedaba antes de encararse con el Kilómetro 21. Que no sabíamos siquiera si era posible calificarlo con algún adjetivo.

A baldados de Sangre. De ecolines multicolor. De casa de Terror.
A baldados de sangre que se le escurría por el cuerpo cada que la ducha se la tragaba viva, de los ojos de M2 y de cada arañazo en su cuerpo.



Y a esos miles de baldados de sangre se hacía a la idea de que no quería estar anclada. Por que se sumergiría en el fondo del mar... Y el mar era el miedo en el que se hundiría si no navegara su balsa con cuidado sobre su superficie, siempre directo a un sol que no saldrá jamás.


A baldes y baldes de la Verdad que se derramaba y le zumbaba la cabeza. Envuelta en llamas... Envuelta en fuego. Hirviente. Hiriente. 


Cruda y Pelirroja.

Envuelta en llamas y bañada en Sangre.

Como siempre.

 









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