6.7.12

A gritos, a dolor y a cigarrillos.


Hay una chica pelirroja, desmayada en medio de la Avenida...

Y se paraba de la camilla a los gritos luego de que le perforaran uno de los 5 sentidos. Los demás se le adormecían en un vaivén de sensaciones, mientras se le subían siete mil hormigas por las manos y las rodillas le flaqueaban. Se le atontaba la sonrisa y en la mano derecha la abandonaba la fuerza con la que apretaba ya sin ganas un fragmento de Typografía.

Le zumbaba la cabeza, envuelta en llamas como siempre, de tanto darle vueltas a miles de asuntos. Mientras el Esquizofrénico se seguía dando golpes contra las paredes mullidas de su cabeza gritándole a una almohada " Van 10 Van 10 Van 10!"

... Diez agujeros que le recordaban que seguía viva. De pié en el Kilómetro 20 encarando La Avenida de la Vida.


Y antes de que la aguja le atravesara el oído, la tarde la había envuelto en miles de familias Typográficas y el humo de un sinfín de cigarrillos que todavía la hacían sentir esa
PAZ totalmente inconsecuente con la situación que se le venía derramando encima en medio de la Avenida...

Se le derramaban recuerdos encima, como los baldados de sangre que le caían en la cabeza al rededor de cada mes y acababan pintando su cabello a color verdad. Cada ves una verdad mas cruda, mas verdadera.

La verdad es aquello que no miente, pero crees que siempre anda mintiendo.


Los recuerdos, todos y cada uno igual de lacerantes e inocuos. Moribundos que acababan suicidándose en el lamento, dónde yacía la más triste historia de un uno sin dos y de una No Rubia lastimada y adolorida. Que ya no le provocaba mas que comer KornFlakes con Vodka o desarmarse a si misma en un rompecabezas, una vez mas y pegar con cinta adhesiva cada pieza.

Con las piernas y la espalda llenas de remiendos, los sentidos atontados y las manos crispándose en un puño por antojo del dolor, se fumaba uno que otro cigarrillo para relajarse y dejar de darle vueltas a todo en su cabeza. 
Si das demasiadas vueltas, obvio te mareas. Y todos sus pensamientos ya se encontraban lo suficientemente mareados como para vomitar un montón de respuestas que no le iban a servir de nada.


... La tarde estaba para muchos besos y un cigarrillo. Pero se prestó para muchos cigarrillos y ningún beso.

Como con el sentido agujereado colgándole de el izquierdo ( el lado ) se paraba del suelo a estirarse y mirarse las heridas, cada una firmemente cosida con hilo y jirones de piel pálida que se mimetizaba con el resto...
Y dejó de darle vueltas a todo, el Esquizofrénico dejó de gritar y del dolor, se quedó dormido. Y ella podía seguir caminando hacia el frente de la Avenida donde ...

Oh ... No.

Más adelante, así como le dolía la barra metálica que tenía atravesada en medio del sentido, como un demonio... Se dio cuenta que ya podía ver un punto casi negro a un lado de la Avenida.
Y qué más podría ser. Qué iba a ser más que algo que ya esperaba y no se le hacía ajeno.

Más allá de los 150 metros de vida. De jirones de piel, de un Imbécil, de Un Extranjero, Dos Siameses, De M2 y los mil rayas. Más allá de cigarrillos y Typografía.

... Más allá de la Dinamita y la Avenida.
Se encontraba el endemoniado letrero que le decía que se le acababa un Kilómetro mas en la Vida. El Kilómetro 21 se erguía en ese letrero y había mucho que caminar y todavía, mucho que aprender, llorar, sufrir, derramar ...

Mucha verdad con la que seguir pintando su cabello.
Así como esa tarde que la Typografía dibujó tinta sobre la tinta. 



Así como el Extranjero no le daba la gana de salir de su Avenida...

 Le pedía consejos a un Gato y el le respondía


Que en el próximo Kilómetro
encontraría quién desnudara sus remiendos... Y la quisiera con heridas...


Igual de pelirroja, 
igual de rota y destruida.



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